miércoles, 16 de marzo de 2016

Segunda Guerra Mundial: Españoles en el Frente Oriental


división azul
División Azul

Hace poco más de un mes se conmemoró el aniversario de la Batalla de Krasny Bor (10 y 11 de Febrero de 1943) donde solo 4.500 soldados al mando del General español Emilio Esteban Infantes consiguieron frenar la ofensiva soviética del 55º Ejército Ruso para romper el cerco de Leningrado,  ofensiva compuesta  por más de 44.000 hombres, carros de combate y artillería.

Más allá de los buenos y malos de la historia contada desde una perspectiva que enjuicia y que fomenta el odio sobre los victimarios o crea lástima sobre las víctimas, existen historias que nos cuentan relatos de vidas atravesadas por una guerra que no decidieron luchar, en muchos casos, pero en la cual se vieron obligados a decidir cómo vivir. La gran Historia se compone de historias, hazañas de hombres y mujeres que cambiaron el rumbo de la historia y transformaron sus propias vidas, capturados quizá por un destino que no esperaban.
En esta situación se encuentra la mayoría de los españoles que acabada la Guerra Civil, se encuentran poco después con la Segunda Guerra Mundial.  Republicanos que tuvieron que abandonar España se alistaron en diversos cuerpos y ejércitos de diferentes países, ya fuera en la Resistencia Francesa,  como guerrilleros en el Sur de Francia,  encuadrados en la “Nueve” de Leclerc de la que hablamos en anteriores post y formando parte  también de unidades del Ejército Británico.
Pero en esta ocasión, me quiero centrar en el Frente del Este. De un lado, los españoles encuadrados en la División Azul, parte de ella formada por voluntarios y otra parte soldados de relevo, pasando por sus filas más de 45.000 soldados. En las próximas semanas, relataremos tanto sus éxitos y heroicidades;  como sus fracasos y penurias.  No podemos olvidarnos de la Escuadrilla Azul , escuadrilla españolas de aviación encuadradas en la Luftwaffe y que permanecieron en el frente hasta la retirada definitiva de todos los voluntarios españoles hasta junio de 1944.
Éstas fueron relevándose unas a otras. Todas ellas operaron en Rusia sin tener relación alguna con sus compatriotas de la División Azul o tropas terrestres; sus misiones se desarrollaron en el sector del Grupo de Ejércitos Centro interviniendo en la ofensiva alemana sobre Moscú y en las batallas de Kharkov, Smolensko y Kursk. Participaron con el nombre de 15ª Spanische Staffel, agregadas al 27º Grupo de Caza, unidad de élite al mando de Wolfram von Richtofen (antiguo jefe de la Legión Cóndor en la Guerra Civil Española).
NKVD Españoles ejercito ruso

4ª Compañía de la Brigada del NKVD (OMSBON)
Del otro lado, los soldados españoles en el Ejército Soviético bastante menor en número, cerca de 700 pero muy activos actuando como pilotos en la aviación soviética y como guerrilleros tras las filas enemigas desplegados desde Rusia hasta Polonia pasando por Hungría y Checoslovaquia.
Un dato común a los dos bandos fue el alto nivel de bajas superior al 57 % en toda la contienda destacando la Batalla de Krasny Bor,  donde la 250 Infanterie-Division, más conocida como División Azul sufrió más del 75 % de pérdidas en solo dos días.
¡La Próxima Semana Comenzamos!
Fuerteventura, 15 de Marzo 2016

jueves, 24 de diciembre de 2015

Tregua de Navidad en la Primera Guerra Mundial



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Portada Daily Mirror


Desde Cuadernos de Historia os deseamos unas Felices Fiestas y un Próspero Año 2016 lleno de Paz, Felicidad, Salud y todas esas cosas que hacen de este mundo un sitio mejor.
Debo reconocer que me he emocionado un poco al escribir esta entrada en el Blog ya que nos enfrentamos a una de las contiendas más terribles y horribles de la historia bélica mundial, donde se registraron más de 10 millones de muertos y 20 millones de heridos entre los combatientes. Los datos de las víctimas civiles directas o indirectas son muy difíciles de establecer. Posteriormente, por desgracia, la Segunda Guerra Mundial nos dejaría sin palabras en el número de víctimas y barbaridades, pero esa es otra historia.

Ahora nos trasladamos al 24 de Diciembre de 1914 y la llamada "Tregua de Navidad". Este fue uno de los fenómenos más inesperados de la Primera Guerra Mundial, la más cruenta vivida hasta entonces.
Corrían por entonces momentos de gran dureza, pues Alemania había invadido Bélgica en julio con el objetivo de llegar hasta París y había sido detenida por británicos y franceses a cambio de una tremenda cantidad de bajas. El frente se estancó. La situación no mejoró con la llegada del invierno, éste trajo consigo lluvias, nevadas y una ingente cantidad de enfermedades en las trincheras, inundadas y comidas por los insectos.
Al no poder avanzar ninguno de los dos bandos sobre territorio enemigo, los días previos a Navidad la nostalgia  se extendió entre los combatientes al estar lejos de sus familias en fechas tan señaladas. Los altos mandos militares redoblaron sus esfuerzos para que el correo pudiera llegar a tiempo hasta las trincheras y los soldados sintieran, aunque fuera mediante pequeños regalos como tabletas de chocolate o cigarros, el calor de sus seres queridos.
No hacía ni cinco meses del estallido de la Primera Guerra Mundial y se produjo un hecho insólito en el frente occidental. En algunos lugares puntuales los soldados aliados se vieron sorprendidos al aparecer en las trincheras alemanas que tenían delante árboles de Navidad y al escuchar a los soldados enemigos entonar villancicos. Los soldados respondieron cantando villancicos en inglés. Al día siguiente, soldados de ambos bandos,  alemanes por un lado e ingleses por otro  y en menor medida franceses treparon las trincheras y confraternizaron con el enemigo en la “Tierra de Nadie”. Se estrecharon las manos, se felicitaron las Pascuas, se intercambiaron regalos como tabaco o periódicos e incluso llegó a jugarse algún partido de fútbol amistoso. Los altos mandos, enfurecidos por lo que acontecía, mandaron órdenes de abortar inmediatamente cualquier acto amistoso. El día 26 se reiniciaron las hostilidades.
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Fuerteventura, 24 de Diciembre de 2016

jueves, 30 de abril de 2015

Españoles en la Guerra de Vietnam



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El grupo de médicos españoles enviado a la Guerra de Vietnam

Hoy se conmemora el 40ª Aniversario de la finalización de la guerra de Vietnam y desde los cuadernos de historia abordamos uno de los episodios más desconocidos de la historia militar reciente. Cuando cogemos cualquier libro de Historia al llegar al capítulo correspondiente sobre la Guerra de Vietnam nos encontramos los motivos por los que se produjo, las diferentes cifras de bajas que dan uno y otro bando y los países que participaron en dicha contienda, pero suele obviarse a uno que también estuvo presente y del que durante muchísimo tiempo se ha mantenido en el más absoluto de los mutismos: España.

A mediados de los años 60 las relaciones entre Estados Unidos y España iba viento en popa. Hacía poco más de una década que los norteamericanos habían instalado sus bases en suelo español desde donde controlaban todo el Mediterráneo occidental.
Eran tiempos de la Guerra Fría y la obsesión anticomunista de los yanquis parecía estar en sintonía con la que profesaba el dictador Franco.
Tras el repentino asesinato de John F. Kennedy, Lyndon B. Johnson tuvo que asumir la presidencia de su país, encontrándose que tenía que lidiar con varios frentes abiertos: la mencionada Guerra Fría y la consiguiente tensión con el bloque soviético, la crisis con Cuba que tuvo al país a punto de una intervención armada, la creciente presencia comunista cada vez en más países y la Guerra de Vietnam, un conflicto que llevaba en marcha desde 1959 y que ya comenzaba a alargarse más de lo deseado.
El presidente norteamericano necesitaba una coalición internacional que apoyase la intervención estadounidense en el país asiático y a la hora de intentar reunir los máximos apoyos posibles tenía el convencimiento de que España se convertiría en una fiel aliada. Por tal motivo, el 26 de julio de 1965, hizo llegar a través de su embajador en España, Angier Biddle Duke, una carta que fue entregada al Ministro de Asuntos Exteriores, Fernando María Castiella, con el fin de que éste se la hiciera llegar al Caudillo.
En ella exponía la delicada situación y solicitaba a Franco su colaboración como país aliado, con el fin de que España entrase de lleno en la Guerra de Vietnam. En poco menos de un mes, el Jefe del Estado Español hizo llegar su respuesta, también en forma de carta, en la que daba su punto de vista sobre el conflicto y sin dejar demasiado claro cuál y cómo sería la forma de participar en dicha guerra.
Sabían que si no controlaban la situación y ganaban la guerra podría producirse lo que habían bautizado como un ‘efecto dominó’ y que irían cayendo en las redes comunistas el resto de naciones de alrededor. Por tal motivo Johnson puso en marcha la campaña más banderas.
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                                       Puente dedicado en Vietnam a los médicos españoles
Franco tenía muy claro que no involucraría al país en un conflicto militar y a lo máximo que estaba dispuesto a llegar era a mandar algún grupo de soldados de forma testimonial. Pero transcurridos unos meses se lo pensó mejor y cambió de opinión, pero no para dar más apoyo sino menos, por lo que en septiembre de 1966 mandó de forma secreta, y sin dar publicidad alguna al tema, a doce militares médicos que realizarían tareas humanitarias entre la población vietnamita y, en caso de ser requerida, a soldados norteamericanos heridos.
Ese pequeño contingente médico salió de España de incógnito y sin especificar oficialmente cuál era su destino. Franco no quería hacer público ese semi apoyo que iba a prestar a los norteamericanos en la guerra a sabiendas de que si se hacía público podría ganarse la desconfianza de los ciudadanos y, sobre todo, de personas de su total confianza que no veían con buenos ojos la participación española en el conflicto. De ahí que esa ayuda se quedase en algo meramente testimonial y con una docena de hombres.
Por su parte a los norteamericanos no les hizo demasiada gracia el ninguneo de Franco hacia ese conflicto bélico que era tan importante y vital para ellos, motivo por el que, aparentemente, se envió al grupo de españoles a atender las necesidades médicas en Gò Công, una localidad al sur del país y de dificil acceso.
El contingente pasó allí cinco años realizando trabajos de ayuda humanitaria entre la población vietnamita, atendiendo a algún soldado norteamericano herido (aunque pocos, ya que preferían ser atendidos en el hospital) e incluso a personas que aparentemente parecían civiles pero que en realidad pertenecían al Vietcong, el movimiento de resistencia vietnamita contra el que luchaban los estadounidenses.
Poco se supo en su época sobre la misión española en la Guerra de Vietnam, aunque un, por aquel entonces, joven y entusiasta periodista llamado Luis María Anson se enteró de la noticia, viajó hasta allí y publicó un artículo que no fue del agrado de las autoridades españolas que querían mantener en secreto la presencia de los médicos en el conflicto asiático.
Uno de los médicos, el capitán Merlos Saldaña, protagonizó un episodio heroico durante un bombardeo al cuartel que se encontraba cercano a la residencia de los españoles, salvó la vida a varios soldados y atendió a los heridos, algo que sirvió para ser condecorado por los norteamericanos.
Tras cinco años en Gò Công, los doce médicos volvieron a España en 1971, haciéndolo del mismo modo que cuando se marcharon, por la puerta de atrás, sin hacer ruido y sin ningún gesto de agradecimiento ni mención por parte del gobierno del General Franco.
La historia se conoció a través de la desclasificación de documentos secretos y en base a ello varios son los periodistas que han escrito artículos, libros e incluso se ha hecho un interesante documental para el Canal Historia titulado: ‘Go Kong, la guerra secreta de los españoles en Vietnam’.
El 30 de abril de 1975, Estados Unidos y Vietnam pusieron fin a la guerra que los enfrentó durante diez años. El  conflicto costó la vida a tres millones de personas, incluyendo a aproximadamente 58.000 soldados estadounidenses.
Espero que hayas disfrutado de la lectura y, si te ha gustado, puedes compartir.

Fuerteventura, 30 de Abril de 2015

martes, 21 de abril de 2015

Los Infantes de Marina que derrotaron a los Samuráis



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Sala histórica de Museo Naval

Muy buenas a todos los seguidores del blog y muchas gracias por el seguimiento de cada post que dan vida a los cuadernos de historia. En unos días celebramos los nueve meses de vida y no puedo más que decir aquella frase histórica de “me llena de orgullo y satisfacción…”.

En esta nueva entrada, nos trasladamos a las Filipinas del siglo XVI y a una gesta desconocida para el gran público con unos protagonistas muy especiales, los Infantes de Marina. Por supuesto, no puedo dejar pasar la oportunidad de hacer un pequeño homenaje a la Segunda Generación de Infantes de Marina de la Familia. La inicio mi hermano y su estela fue seguida por mis Sobrinos. Todo mi Cariño y Amor para ellos desde la distancia.

A finales del siglo XVI, la marina española se convirtió en la primera y única flota occidental en derrotar a estos fieros guerreros nipones.
La figura de los samuráis, fieros guerreros del antiguo imperio japonés, está envuelta en un auténtico halo de leyenda que los muestra como hombres a los que casi era imposible derrotar. Sin embargo, lo cierto es que estos luchadores no solo no eran invencibles, sino que fueron derrotados por la Armada española.
Este desconocido episodio de la historia, tal y como devela el autor del blog «Foro naval», ocurrió hacia 1580, cuando según narra el investigador Carlos Canales en su libro «Tierra Extraña», el gobernador español en las Islas Filipinas, don Gonzalo de Ronquillo, tuvo noticias de la llegada de un fuerte contingente de piratas japoneses que estaban hostigando y saqueando a los indígenas filipinos en la provincia de Luzón, zona bajo la protección administrativa española.
Ante esta situación, Ronquillo envió hasta Luzón al capitán de la Armada Juan Pablo Carrión, al mando de una flotilla compuesta por siete embarcaciones y varias decenas de infantes de marina de los Tercios de Mar de la Armada española. El objetivo era expulsar a los fieros piratas japoneses, que resultaron ser temibles guerreros samuráis.
Tras ganar una primera batalla, frente a un barco nipón que navegaba por la zona, los japoneses enviaron una flota de diez navíos para vengarse de los españoles. Sin embargo, tras varios combates, tanto en tierra como marítimos, las fuerzas españolas consiguieron vencer y expulsar de Filipinas a los japoneses.
Estas batallas suponen la única evidencia histórica de un enfrentamiento armado entre europeos y samuráis. De este episodio, la historia tradicional japonesa cuenta que sus guerreros fueron derrotados por unos demonios, mitad peces mitad lagartos, llegados en unos grandes y extraños barcos negros. Estas criaturas salían como bárbaros de la mar y atacarles tanto en tierra como en mar era un asunto peligroso y casi suicida.
Desde entonces los samuráis llamaron a los infantes de marina españoles «wo-cou» (peces-lagarto), en reconocimiento a la audacia con la que habían luchado y vencido en los Combates de Cagayán.
Espero que disfrutaras de la lectura y si te ha gustado puedes compartir.

Fuerteventura, 21 de Abril de 2015

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Españoles en la Primera Guerra Mundial

Alfonso XIII y Eduardo Dato
El rey Alfonso XIII junto a Eduardo Dato 

En Cuadernos de Historia no podíamos dejar pasar la oportunidad de hablar de la participación de los Españoles en la Primera Guerra Mundial. En el anterior post hacia un resumen del final de la Guerra y en esta ocasión me he sumergido en el mundo de los libros para rescatar unos sucesos ignorados por la mayoría, por supuesto en este caso me incluyo en esa mayoría.

El estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 dejó dividida a la población española entre los que querían participar en la contienda y los que preferían mantenerse neutrales. El país aun no había superado el varapalo que supuso la pérdida de las últimas colonias en el año 1898, lo que propiciaba una inestabilidad social, política y económica que difícilmente se podría superar de intervenir en el conflicto.
A pesar de que eran muchos los partidarios en tomar parte, estos estaban divididos en los dos bandos enfrentados en el mismo. Por una parte se encontraban los "germanófilos", compuesto por conservadores y la mayoría de los miembros del ejército, que apoyaban a las potencias centrales, representadas por los imperios alemán y austrohúngaro.
El ala más progresista de la sociedad daba su apoyo a los aliados, con el Reino Unido, Francia y el Imperio Ruso a la cabeza. Paradójicamente, el entonces rey de España, Alfonso XIII era más partidario de apoyarlos en caso de entrar en el conflicto armado.

Esta división hizo que el gobierno, encabezado por el conservador Eduardo Dato Iradier, se plantease la neutralidad como mejor solución y así adherirse al bando ganador tras la guerra.
Ya que el país no pensaba participar oficialmente, se buscaron fórmulas con las que poder intervenir, por lo que un numerosísimo grupo de voluntarios se alistaron a la Legión Extranjera del ejército francés a través del reclutamiento que efectuó  la Association Internationale des Amities Francaises.
Varios miles fueron los voluntarios reclutados y que participaron apoyando al bando aliado como legionarios. El grupo más numeroso estaba formado por jóvenes independentistas catalanes, seguidos por aragoneses y vascos.
legión extranjeraEl hecho de que muchos de esos voluntarios procediesen de Cataluña se debía a la creencia de que si apoyaban al bando aliado, una vez finalizada la guerra, serían ayudados para conseguir su ansiado 'Estado Catalán'.
Insignia del Regimiento de Marcha de la Legión Extranjera de FranciaComo apoyo a los participantes en la Guerra se fundó el "Patronato de Voluntarios Españoles" gestionado por Jacobo Fitz-James Stuart (Duque de Alba) y la Unió Catalanista creó el "Comité de Hermandad con los Voluntarios Catalanes" presidido por el médico y político independentista Joan Solé y Pla.
No sólo el ejército francés recibió solicitudes de reclutamiento. Existe el caso de un voluntario español, nacido en Canfranc (Huesca), que participó en la PGM, alistándose y luchando en el ejército de los Estados Unidos, su nombre era Antonio Beltrán Casaña.
Pero no solo hubo quien participó en la Gran Guerra en ese bando, sino que otros muchos  quisieron hacerlo a favor de los países centrales.
No obstante, no querría acabar este post sin explicar un anecdótico caso que ocurrió en 1916, en el que un ciudadano español trabajó como espía para el ejército alemán.
catalanes en Primera guerra mundialSe trataba de Adolfo Guerrero, el cual se trasladó hasta Londres como supuesto periodista del diario madrileño "El Ideal". Las autoridades de la capital británica tenían serias sospechas hacia él, por lo que decidieron vigilarlo de cerca. Al ser preguntado, a la llegada al país por el motivo de su visita, Guerrero aseguró estar enviado por el director de un periódico en calidad de articulista. Es más, por cada escrito cobraría mensualmente 30 libras esterlinas (de la época).
Tras varias semanas en el país, fue detenido y acusado de espionaje a favor del ejército germano, habiéndose dedicado durante ese tiempo a proporcionar todo tipo de informaciones referentes a las defensas aéreas contra los zepelines.Monumento a los catalanes que lucharon en la PGM 
Fue juzgado y condenado a la pena de muerte, pero tras una ardua y efectiva negociación por parte del Rey Alfonso XIII, se logró conmutar la pena por la de 10 de trabajos forzados.
Durante un tiempo, el gobierno británico no quiso que trascendiera la noticia a los medios, debido a que, el trato de favor que había realizado con el espía español, no lo había tenido con los de otras nacionalidades.
Espero que hayas disfrutado de la lectura y que tengas buena semana.
Fuerteventura, 04 de Diciembre de 2014

El Final de la Primera Guerra Mundial

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Un día como hoy, pero de 1918 las armas cesaron sus infernales descargas y un silencio perverso invadió los cruentos campos de batalla cubiertos con la sangre de los soldados que murieron en defensa de su patria por una causa que muchos desconocían.Se escucharon gritos pero esta vez no eran de dolor, eran de alegría. El Kaiser se ha rendido, la guerra ha terminado y la paz ha vuelto al mundo. 96 años han pasado y la herida sigue abierta.
"En tiempos de guerra, son los padres los que entierran a sus hijos. Descansen en paz aquellos soldados que combatieron en fiera contienda, sin importar nacionalidad, credo o color de piel.”

Desde Cuadernos de Historia repasamos las claves que pusieron fin a un triste episodio en la Historia de la Humanidad y que dejo unas cifras aterradoras.
Se registraron 10 millones de muertos y 20 millones de heridos entre los combatientes. Los datos de las víctimas civiles directas o indirectas son muy difíciles de establecer. 
En 1918 ambos bandos atravesaban serias dificultades tanto militares como económicas. Sin embargo, la fatiga era más visible en el bando de las potencias centrales que en el aliado, pues la incorporación de los Estados Unidos al conflicto había supuesto una auténtica inyección de recursos materiales y humanos.
No obstante, en 1918 los alemanes consiguieron eliminar definitivamente del escenario bélico a los rusos que habían iniciado negociaciones para poner fin al conflicto. Una serie de derrotas continuadas habían animado al gobierno revolucionario soviético a firmar en marzo el Tratado de Brest-Litovsk.
Con las manos libres en el frente oriental, el general alemán Ludendorff inició una ofensiva en el lado occidental. Fue la conocida como 2º Batalla del Somme para diferenciarla de los combates que se habían desarrollado en la misma zona en 1916. La iniciativa fracasó, pues los aliados frenaron la ofensiva en el Marne, en el mismo lugar donde Joffre había hecho abortar en 1914 el Plan Shlieffen.
La contraofensiva aliada al mando del general Foch fue iniciada en julio de 1918 y forzó el repliegue de las tropas germanas. En agosto un nuevo ataque aliado que empleó abundantes carros de combate desplazó a los alemanes hasta la frontera belga. La crisis militar se tradujo en deserciones masivas.
El 8 de noviembre de 1918 estalló en Berlín un movimiento revolucionario y el Kaiser Guillermo II abdicó. Se formó un nuevo gobierno que encabezó el socialdemócrata Ebert. Alemania firmó el armisticio el 11 del mismo mes.
La monarquía de los Hohenzollern dejó paso al establecimiento de una República democrática, la de Weimar, regida por un frágil sistema parlamentario, que fue presa de una gran inestabilidad hasta 1933, fecha en que Hitler abolió la democracia. Esa fragilidad fue causada principalmente por la crisis económica de posguerra y sus secuelas sociales y políticas.
El Imperio Austro-Húngaro se rindió a mediados del mes de noviembre, en tanto que búlgaros y turcos lo habían hecho ya en septiembre y octubre respectivamente.


Fuerteventura, 04 de Diciembre de 2014 

martes, 11 de noviembre de 2014

Blas de Lezo

Blas de Lezo

Desde Cuadernos de Historia no podíamos dejar pasar la ocasión que nos ofrece la próxima inauguración de la estatua de Blas de Lezo. El próximo sábado 15 de noviembre, se inaugurará   la estatua en honor del teniente general de la Armada Blas de Lezo y Olavarrieta, el acto contará con la presencia del Rey.

Este marino español fue el artífice de la victoria de la batalla de Cartagena de Indias  (Colombia, 1741), es uno de nuestros más grandes héroes de la Historia de España, don Blas de Lezo.  
Cojo, manco y tuerto, "el Mediohombre" como era conocido este guipuzcoano de Pasajes (1689-1741) lideró la defensa de aquella ciudad clave para el dominio de Suramérica.  Se dice que sin su victoria hoy todo el continente americano hablaría inglés.
Frente a una flota de unos 195 navíos británicos y con tan solo seis barcos, Blas de Lezo aprovechó las fortificaciones de aquella ciudad del Virreinato de Nueva Granada para derrotar al almirante inglés Edward Vernon quien incluso acuñó previamente monedas con la rendición de Blas de Lezo para una victoria creída por segura… algo que no fue tal. 
El monumento, estará emplazado en los jardines del descubrimiento, la plaza de Colón;  tendrá 7 metros de altura, con 3 metros de escultura y ha sido creado por   Salvador Amaya y sufragado mediante subscripción pública.
De este modo,  273 años después de la batalla de Cartagena de Indias, Madrid y España rendirán justo homenaje  a este vasco de Pasajes, marino y héroe español.  
Murió Don Blas sin reconocimiento merecido y además denostado por su rey. Pasados 20 años, recibió su primer reconocimiento con la concesión de un título honorífico en la persona de su hijo. 70 años después se publican las primeras monografías sobre el ilustre marino. Se coloca una placa en su casa de Pasajes. Una escultura, donada por el gobierno español, en Cartagena de Indias; un busto en una calle de San Sebastián y se pone su nombre a una fragata de la Armada Española. Con el paso del tiempo se fue perdiendo  su recuerdo para generaciones posteriores. Pero recientemente se ha despertado un gran interés gracias a los nuevos medios de internet.
Otro ejemplo de la gratitud de los españoles por los que lucharon y murieron por nuestro país. Increíble pero cierto, España le olvidó.
Desde Cuadernos de Historia este pequeño homenaje a tal insigne militar.
Esta es su historia:

Valiente, honorable, buen estratega… muchos son los adjetivos que se pueden aplicar a grandes héroes como el almirante Nelson, cuyo nombre aún resuena en Gran Bretaña. Sin embargo, también son características de las que pudo presumir Blas de Lezo, un oficial tuerto, cojo y manco de la marina española que consiguió resistir el ataque de 195 navíos ingleses con apenas 6 barcos durante el Siglo XVIII.
Esta historia, digna de salir en cualquier película de la conocida saga «Piratas del Caribe», es una de las muchas en las que se ha demostrado la capacidad estratégica de la marina española de la época. Sin embargo, se suma a las docenas de hazañas que han caído en el olvido.

Cojo, manco, y tuerto
Blas de Lezo nació en Pasajes, Guipúzcoa, el 3 de febrero de 1687, aunque aún existe controversia sobre el lugar y el año en que vino al mundo. «Las fuentes son confusas y señalan otro lugar posible de nacimiento y otra fecha dos años posterior, pero en lo que no hay duda es que es un marinero vasco que se convirtió en uno de los más grandes estrategas de la Armada española en toda su historia» determina Jesús María Ruiz Vidondo, doctor en historia militar, colaborador del GEES (Grupo de Estudios Estratégicos) y profesor del instituto de educación secundaria Elortzibar.
Su carrera militar empezó en 1704, siendo todavía un adolescente. En aquellos años, en España se sucedía una guerra entre la dinastía de los Austrias y Borbones por conseguir la corona tras la muerte del rey Carlos II, sin descendencia. «Blas de Lezo había estudiado en Francia cuando esta era aliada de España en la Guerra de Sucesión. Tenía 17 años cuando se enroló de guardiamarina al servicio de la escuadra francesa al mando del conde de Toulouse», destaca el historiador.
Ese mismo año se quedaría cojo. «La pierna la perdió en la batalla de Vélez-Málaga, la más importante de la Guerra de Sucesión, en la que se enfrentaron las escuadras anglo-holandesa y la franco-española» afirma Vidondo. «Fue una dura batalla en la que una bala de cañón se llevó la pierna izquierda de Blas de Lezo, pero él continuó en su puesto de combate. Después se le tuvo que amputar, sin anestesia, el miembro por debajo de la rodilla. Cuentan las crónicas que el muchacho no profirió un lamento durante la operación», cuenta Vidondo.

Aunque el combate finalizó sin un vencedor claro, el marino comenzó a ser conocido por su heroicidad. «Blas de Lezo fue elogiado por el gran almirante francés por su intrepidez y serenidad y por su comportamiento se le ascendió a alférez de navío», explica el experto en historia militar.
El ojo lo perdió dos años más tarde, en la misma guerra, en la fortaleza de Santa Catalina de Tolón mientras luchaba contra las tropas del príncipe Eugenio de Saboya. «En esta acción y tras el impacto de un cañonazo en la fortificación, una esquirla se le alojó en su ojo izquierdo, que explotó en el acto. Perdió así para siempre la vista del mismo, pero quiso continuar en el servicio y no abandonarlo» determina Vidondo. Sin duda la suerte no estaba de su lado, pero Lezo siguió adelante.
Finalmente, cuando tenía 26 años, el destino volvió a ser esquivo con este marino. «La Guerra de Sucesión había prácticamente finalizado en julio de 1713 con la firma de la paz con Gran Bretaña, pero Cataluña seguía en armas por los partidarios de la casa de Austria. El marino participó en varios combates y bombardeos a la plaza de Barcelona. En uno de ellos, el 11 de septiembre de 1714, se acercó demasiado a las defensas enemigas y recibió un balazo de mosquete en el antebrazo derecho que le rompió varios tendones y le dejó manco para toda su vida», determina el experto. Así, y tras quedarse cojo, tuerto y sin mano, Blas de Lezo pasó a ser conocido como el«Almirante Patapalo» o el «Mediohombre». Su leyenda había comenzado.

Hazañas iniciales
Una vez finalizada la Guerra de Sucesión, Lezo se destacó por su servicio a España. Una de sus misiones más destacadas fue la que realizó en 1720 a bordo del galeón «Lanfranco». «Se le integró en una escuadra hispano-francesa al mando de Bartolomé de Urdazi con el cometido de acabar con los corsarios y piratas de los llamados Mares del Sur (Perú)», sentencia el historiador.
«Sus primeras operaciones fueron contra el corsario inglés John Clipperton. Éste logró evitarles y huir hacia Asia, donde fue capturado y ejecutado», finaliza el doctor en historia militar. Por esta y otras hazañas, el rey ascendió al «Almirante Patapalo» a teniente general en 1734. Sin embargo, su misión más difícil llegó cuando fue enviado aCartagena de Indias (Colombia) como comandante general.

El mayor reto de Lezo
El mayor desafío de Blas de Lezo se sucedió sin duda en Colombia, donde tuvo que defender Cartagena de Indias (el centro del comercio americano y donde confluían las riquezas de las colonias españolas) de los ingleses, ansiosos de conquistar el territorio. En este caso, los británicos aprovecharon una afrenta a su imperio para intentar tomar la ciudad.
El pretexto fue el asalto a un buque británico. «En este contexto se produjo en 1738 la comparecencia de Robert Jenkins ante la Cámara de los Comunes, un contrabandista británico cuyo barco, el Rebecca, había sido apresado en abril de 1731 por un guarda costas español, que le confiscó su carga. La oposición parlamentaria y posteriormente la opinión pública sancionaron los incidentes como una ofensa al honor nacional», determina Vidondo. La excusa perfecta había llegado y se declaró la guerra a España.
Los preparativos se iniciaron, y los ingleses no escatimaron en gastos. «Para vengar la oreja de Jenkins Inglaterra armó toda una formidable flota jamás vista en la historia (a excepción de la utilizada en el desembarco de Normandía), al mando del Almirante inglés Edward Vernon. La armada estaba formada por 195 navíos, 3.000 cañones y unos 25.000 ingleses apoyados por 4.000 milicianos más de los EEUU, mandados éstos por Lawrence, hermanastro del Presidente Washington», afirma el experto en historia militar.
Por el contrario, Blas de Lezo no disponía de un gran número de soldados ni barcos para defender la ciudad. «Las defensas de Cartagena no pasaban de 3.000 hombres, 600 indios flecheros, más la marinería y tropa de infantería de marina de los seis navíos de guerra de los que disponía la ciudad: el Galicia (que era la nave Capitana), el San Felipe, el San Carlos, el África, el Dragón y el Conquistador. La proporción entre los españoles y los ingleses era de 1 español por cada 10 ingleses», explica Vidondo.
Pero, lo que tenía a su favor el «Almirante Patapalo» era un terreno que podía ser utilizado por un gran estratega como él. Y es que la entrada por mar a Cartagena de Indias sólo se podía llevar a cabo mediante dos estrechos accesos, conocidos como «bocachica» y «bocagrande». El primero, estaba defendido por dos fuertes (el de San Luis y el de San José) y el segundo por cuatro fuertes y un castillo (el de San Sebastián, el de Santa Cruz, el del Manzanillo, el de Santiago -el más alejado- y el castillo de San Felipe).
Lezo se preparó para la defensa, situó varios de sus buques en las dos entradas a las bahías y dio órdenes de que, en el caso de que se vieran superados, fueran hundidos para que no fueran apresados y para que sus restos impidieran la entrada de los navíos ingleses hasta Cartagena de Indias. La guerra había comenzado y el «Mediohombre» se preparó para la defensa.

Comienza la batalla
«El 13 de marzo de 1741 apareció la mayor flota de guerra que jamás surcara los mares hasta el desembarco de Normandía. Para el día 15 toda la armada enemiga se había desplegado en plan de cerco. Al comienzo se notó la superioridad británica y fáciles acciones les permitieron adueñarse de los alrededores de la ciudad fortificada», afirma Vidondo.
«La batalla comenzó en el mar. Tras comprobar que no podían acceder a la bahía, los ingleses comenzaron un bombardeo incesante contra los fuertes del puerto. Blas de Lezo apoyaba a los defensores con la artillería de sus navíos, que había colocado lo suficientemente cerca. Usaba bolas encadenadas, entre otras artimañas, para inutilizar los barcos ingleses», narra el historiador.

Tras acabar con varias baterías de cañones, Vernon se dispuso a desembarcar algunos de sus hombres, que lograron tomar posiciones en tierra. «Luego, el inglés se dispuso a cañonear la fortaleza de San Luis de Bocachica día y noche durante dieciséis días, el promedio de fuego era de 62 grandes disparos por cada hora», determina el experto en historia militar. El bombardeo fue masivo y los españoles tuvieron que abandonar en los días sucesivos los fuertes de San José y Santa Cruz.
El ímpetu del ataque obligó al español a tomar una decisión dura: «Lezo incendió sus buques para obstruir el canal navegable de Bocachica, aunque el Galicia no prendió fuego a tiempo. Sin embargo, logró retrasar el avance inglés de forma considerable. Blas de Lezo decidió dar la orden de replegarse ante la superioridad ofensiva y la cantidad de bajas españolas», afirma Vidondo.
A su vez, en Bocagrande se siguió la misma táctica y se hundieron los dos únicos navíos que quedaban (el Dragón y el Conquistador) para dificultar la entrada del enemigo. «El sacrificio resultó en vano, pues los ingleses remolcaron el casco de uno de ellos antes de que se hundiera para restablecer el paso y desembarcaron», sentencia el experto. Las posiciones habían sido perdidas y los españoles se defendían en el fuerte de San Sebastián y Manzanillo. Además, como último baluarte, se encontraba el castillo de San Felipe.

Vernon se cree vencedor
Los ingleses habían conseguido acabar con varias fortalezas y asentarse en las bahías de Cartagena de Indias tras pasar los obstáculos puestos por los españoles. Sin duda, sentían la victoria cerca. «Vernon entró entonces triunfante en la bahía con su buque Almirante con las banderas desplegadas dando la batalla por ganada», narra el historiador.
Vernon envió en ese momento una corbeta a Inglaterra con un mensaje en el que anunciaba su gran victoria sobre los españoles. La noticia fue recibida con grandes festejos entre la población y, debido al júbilo, se mandó acuñar una moneda conmemorativa para recordar la gran victoria. En ella, se podía leer «El orgullo español humillado por Vernon» y. además, se apreciaba un grabado de Blas de Lezo arrodillado frente al inglés.

La victoria del «Mediohombre»
Vernon estaba decidido, la hora de la victoria había llegado. Por ello, quiso darle el broche final tomando el símbolo de la resistencia española: el castillo de San Felipe, donde resistían únicamente seis centenares de soldados, según cuenta el historiador. Sin embargo, el asalto desde el frente era un suicidio, por lo que el inglés se decidió a dar la vuelta a la fortaleza y asaltar por la espalda a los españoles. «Para ello atravesaron la selva, lo que provocó la muerte por enfermedad de cientos de soldados, pero al fin llegaron y Vernon ordenó el ataque», sentencia Vidondo.
Según narra el doctor en historia, el primer asalto inglés se hizo contra una entrada de la fortaleza y se saldó con la muerte de aproximadamente 1.500 soldados a manos de los 600 españoles que consiguieron resistir y defender su posición a pesar de la inferioridad numérica. Tras este ataque inicial, Vernon se desesperó ante la posibilidad de perder una batalla que parecía hasta hace pocas horas ganada de antemano. Finalmente, y en términos de Vidondo, el oficial ordenó una nueva embestida, aunque esta vez planeó que sus soldados usarían escalas para poder atacar directamente las murallas.
En la noche del 19 de abril los ingleses se organizaron en tres grupos para atacar San Felipe. «En frente de la formación iban los esclavos jamaicanos armados con un machete», explica el doctor en historia. Sin embargo, los asaltantes se llevaron una gran sorpresa: las escalas no eran lo suficientemente largas para alcanzar la parte superior de las murallas. «El ‘Almirante Patapalo’ había ordenado cavar un foso cerca de los muros para aumentar su altura y evitar el asalto», determina Vidondo. Los españoles aprovecharon entonces y acabaron con cientos de ingleses. La batalla acababa de dar un giro inesperado debido al ingenio de un solo hombre, o más bien, «Mediohombre».

El día siguiente, según afirma el historiador, los españoles salieron de la fortaleza dispuestos a aprovechar el duro golpe psicológico que habían sufrido los ingleses. En primera línea corría Lezo, cargando al frente de la formación mientras sujetaba el arma con su único brazo. Finalmente, y tras una cruenta lucha, los menos de 600 defensores lograron que el enemigo se retirara y volviera a sus navíos. Ahora, y de forma definitiva, la victoria pertenecía a los soldados españoles y, por encima de todo, a un solo combatiente: el «Almirante Patapalo».
Después de esa batalla, se sucedieron una serie de intentos por parte de los ingleses de conquistar la plaza fuerte, pero fueron rechazados. «Vernon se retiró a sus barcos y ordenó un bombardeo masivo sobre la ciudad durante casi un mes, pero no sirvió de nada», determina el experto.
Finalmente, Vernon abandonó las aguas de Cartagena de Indias con, según los datos oficiales, unos 5.000 ingleses muertos. Sin embargo, según determina Vidondo, es difícil creer que la cifra sea tan baja, ya que el oficial tuvo que hundir varios navíos en su huída debido a que no tenía suficiente tripulación para manejarlos y no quería que cayesen en manos españolas. «Cada barco parecía un hospital», afirma el historiador.
De hecho, y según cuenta la leyenda, Vernon sentía tanto odio hacia el «Mediohombre» que, mientras se alejaba junto a su flota de vuelta a Inglaterra, gritó a los vientos «God damn you, Lezo!» (¡Que Dios te maldiga, Lezo!). Podía maldecir todo lo que quisiera, pero había sido derrotado.

La mentira del inglés
Además, según determina Vidondo, a Vernon todavía le quedaba un último mal trago: informar en Inglaterra de que la había perdido la batalla. Al llegar a su tierra, sin embargo, parece que no tuvo valor para dar a conocer la noticia públicamente, por lo que fue pasando el tiempo hasta que, finalmente, sus compatriotas descubrieron el engaño. Cuando salió a la luz, la vergüenza fue tan arrolladora para el país que se tomaron medidas más drásticas para acallar la gran derrota: «El rey Jorge II prohibió todo tipo de publicación sobre la batalla», finaliza Vidondo.
Esperamos que hayas disfrutado de la lectura.

Fuerteventura, 12 de Noviembre de 2014