jueves, 20 de agosto de 2026

La batalla de Santa Cruz, la derrota que Nelson nunca olvidó

Batalla Santa Cruz
Batalla Santa Cruz

En julio de 1797, una poderosa escuadra británica intentó conquistar Santa Cruz de Tenerife. Frente a ella encontró una defensa organizada, unas milicias decididas y una población dispuesta a proteger la isla. El ataque terminó convirtiéndose en uno de los mayores fracasos de Horatio Nelson.

La madrugada del 25 de julio de 1797, Santa Cruz de Tenerife se convirtió en el escenario de una batalla que marcaría para siempre la historia de Canarias.

Una escuadra británica dirigida por el contraalmirante Horatio Nelson trató de apoderarse del puerto y abrir una posición estratégica en el Atlántico. El plan parecía contar con todos los elementos necesarios para triunfar: barcos de guerra, miles de hombres, abundante artillería y uno de los mandos navales más audaces de su tiempo.

Sin embargo, los británicos se encontraron con algo que no habían calculado correctamente: la capacidad de resistencia de los defensores, el conocimiento del terreno y la inteligencia militar del comandante general de Canarias, Antonio Gutiérrez de Otero.

Después de varios intentos fallidos de desembarco, Nelson resultó gravemente herido y las tropas británicas que consiguieron entrar en la ciudad terminaron rodeadas. La expedición tuvo que negociar su retirada.

Canarias, una posición estratégica en el Atlántico

A finales del siglo XVIII, España y Gran Bretaña se encontraban nuevamente enfrentadas. El dominio de las rutas marítimas era fundamental para ambas potencias, especialmente por la circulación de mercancías, tropas y metales preciosos entre Europa y América.

El 14 de febrero de 1797, la flota británica había derrotado a la española en la batalla del cabo de San Vicente. Después de aquel enfrentamiento, los británicos bloquearon Cádiz e intentaron debilitar la capacidad naval española.

En ese contexto, Santa Cruz de Tenerife adquiría un enorme valor estratégico. Su conquista podía facilitar el control británico de las comunicaciones atlánticas y proporcionar a la Royal Navy una base privilegiada en las islas Canarias.

Además, circulaban informaciones sobre la posible llegada al puerto tinerfeño de barcos procedentes de América con mercancías y caudales de la Corona española. La combinación de interés militar y beneficio económico convirtió Santa Cruz en un objetivo especialmente atractivo.

Nelson ya había planteado la operación meses antes. Tras recibir la autorización del almirante John Jervis, partió hacia Tenerife dispuesto a tomar el puerto mediante un ataque rápido y sorpresivo.

Una poderosa escuadra frente a una defensa desigual

La fuerza británica estaba formada por varios navíos de línea y fragatas, entre ellos el HMS Theseus, buque insignia de Nelson, el Culloden, el Zealous, el Leander, el Seahorse, el Emerald y el Terpsichore. También participaron el cúter Fox y una bombarda.

En conjunto, la expedición reunía varios miles de marineros y soldados, además de una considerable potencia artillera.

Frente a esta fuerza, Santa Cruz disponía de una defensa mucho más modesta. La guarnición estaba integrada por soldados profesionales, artilleros, milicianos procedentes de diferentes lugares de Tenerife, marineros franceses y numerosos vecinos.

Muchos de aquellos milicianos eran hombres sin una amplia formación militar. Sin embargo, conocían el terreno, estaban acostumbrados a las condiciones de la isla y tenían una poderosa motivación: defender sus hogares.

Al frente de todos ellos se encontraba Antonio Gutiérrez de Otero y Santayana, un militar veterano que había participado en diferentes campañas y que contaba con una larga experiencia frente a los británicos.

Gutiérrez llevaba tiempo sospechando que podía producirse un ataque. Algunos buques ingleses habían reconocido las costas de Tenerife y la situación internacional hacía pensar que Canarias podía convertirse en objetivo de una expedición enemiga.

Por ese motivo, reforzó la vigilancia, distribuyó cuidadosamente sus escasos efectivos y preparó las baterías que protegían Santa Cruz.

Primer intento: la sorpresa que no llegó

El primer movimiento británico se produjo durante la madrugada del 22 de julio.

Una treintena de lanchas, con cerca de un millar de hombres al mando del capitán Thomas Troubridge, trató de aproximarse a la costa aprovechando la oscuridad.

El plan dependía del efecto sorpresa, pero las corrientes, el viento y el desconocimiento del litoral dificultaron la navegación. Al amanecer, las embarcaciones fueron descubiertas y quedaron expuestas al fuego de las defensas costeras.

La artillería del castillo de Paso Alto obligó a los británicos a retirarse.

El primer intento había fracasado antes de que las tropas pudieran establecer una cabeza de playa.

Segundo intento: atrapados en Valleseco

Nelson no renunció a la operación.

Horas después ordenó un nuevo desembarco en la zona del Bufadero. El objetivo era ocupar Paso Alto y utilizar aquella posición para bombardear Santa Cruz, mientras la infantería avanzaba por tierra.

Aunque una parte importante de las tropas consiguió llegar a la costa, el terreno jugó en su contra. Los británicos quedaron prácticamente encajonados en Valleseco, sin posibilidad de avanzar con rapidez.

Las dificultades del terreno, el fuego de la artillería y la presencia de los defensores en los accesos impidieron que las tropas británicas alcanzaran sus objetivos.

Después de soportar durante horas el calor y la falta de suministros, Troubridge ordenó la retirada.

Nelson había sufrido un segundo fracaso.

El ataque definitivo

Impaciente ante la falta de resultados, Nelson decidió cambiar completamente su estrategia.

En lugar de buscar otro punto de desembarco, ordenó un ataque directo contra el corazón de Santa Cruz. El objetivo principal era el castillo de San Cristóbal, donde se encontraba el puesto de mando del general Gutiérrez.

La noche del 24 de julio, cientos de soldados y marineros británicos se distribuyeron en lanchas. El propio Nelson encabezaría la operación.

Las embarcaciones avanzaron en silencio, con los remos protegidos para reducir el ruido. Los británicos confiaban en aproximarse a tierra sin ser descubiertos.

Pero Gutiérrez también había previsto esa posibilidad. Las tropas españolas, las milicias y las baterías costeras estaban preparadas.

Hacia la una y media de la madrugada del 25 de julio, los centinelas detectaron las embarcaciones. En pocos instantes, las baterías del muelle y las fortificaciones de San Cristóbal, Santo Domingo, San Pedro, Paso Alto, San Telmo y La Concepción abrieron fuego.

La formación británica quedó dispersada.

El cúter Fox, cargado de soldados, armas y municiones, fue alcanzado y se hundió. Muchos de sus ocupantes murieron ahogados.

A pesar del intenso fuego, varios grupos consiguieron alcanzar diferentes puntos de la costa e internarse en Santa Cruz. Sin embargo, lo hicieron separados, desorientados y con dificultades para comunicarse entre sí.

La herida de Nelson

Nelson se aproximó a la zona de la Alameda al frente de una de las unidades de desembarco.

Cuando se disponía a poner pie en tierra, recibió un impacto en el brazo derecho que le destrozó el hueso por encima del codo. Su hijastro, el teniente Josiah Nisbet, consiguió contener la hemorragia y ayudó a trasladarlo de regreso al Theseus.

El cirujano del barco no tuvo otra alternativa que amputarle el brazo.

La tradición tinerfeña atribuye la herida al célebre Cañón Tigre. No obstante, la naturaleza exacta del proyectil continúa siendo objeto de debate: algunas fuentes británicas mencionan una bala de mosquete o una pieza de metralla disparada como munición de artillería.

Por ello, resulta más prudente afirmar que Nelson fue herido durante el fuego defensivo desplegado desde las fortificaciones de Santa Cruz.

El Cañón Tigre, con independencia de esta discusión, se ha convertido en uno de los grandes símbolos históricos de la Gesta del 25 de Julio.

Combates en las calles de Santa Cruz

Mientras Nelson era evacuado, la lucha continuó dentro de la población.

Algunos británicos consiguieron ocupar temporalmente la batería del muelle e inutilizar parte de sus cañones. Otros trataron de acercarse al castillo de San Cristóbal, pero fueron rechazados.

Durante la madrugada se produjeron enfrentamientos en plazas, calles y callejones. Los defensores disparaban desde posiciones protegidas, esquinas, ventanas y azoteas.

En la resistencia participaron soldados profesionales, artilleros, milicianos y vecinos. Esta colaboración fue una de las claves de la victoria.

El capitán Troubridge consiguió alcanzar la plaza de la Pila —actual plaza de la Candelaria— y posteriormente se dirigió con sus hombres hacia el convento de Santo Domingo.

Allí se reunieron varios grupos británicos que habían logrado entrar en la ciudad.

Pero su situación era desesperada.

Se encontraban rodeados, aislados de la escuadra y sin posibilidad de recibir refuerzos. Los intentos enviados desde los barcos para auxiliarlos también fueron rechazados por la artillería española.

Una capitulación para evitar más muertes

Al comprobar que la operación había fracasado, los mandos británicos solicitaron negociar.

Antonio Gutiérrez podía haber exigido una rendición incondicional, pero prefirió evitar un derramamiento de sangre innecesario. Aceptó una capitulación honorable que permitía a los británicos regresar a sus barcos con sus armas, siempre que abandonaran el ataque.

El acuerdo se firmó durante la mañana del 25 de julio en el castillo de San Cristóbal.

Los británicos se comprometieron a no volver a atacar Tenerife y a transportar hasta Cádiz una carta en la que Gutiérrez comunicaba la victoria española.

Los defensores también atendieron a los heridos enemigos y colaboraron en el traslado de los soldados británicos hasta sus embarcaciones.

Aquel comportamiento sorprendió a Nelson, quien agradeció por escrito la humanidad y la generosidad mostradas por el general español. Incluso le envió un barril de cerveza y un queso como muestra de reconocimiento. Gutiérrez respondió obsequiándole con vino de Tenerife.

La carta que Nelson dirigió al general español fue una de las primeras que escribió con la mano izquierda después de perder el brazo. El documento se conserva actualmente en el Museo del Ejército.

¿Por qué fracasó Nelson?

La derrota británica no se debió a una sola causa. Fue el resultado de varios factores:

  • El desconocimiento de las corrientes y del litoral tinerfeño.

  • Las dificultades para coordinar un desembarco nocturno.

  • La dispersión de las embarcaciones durante el ataque.

  • La eficacia de las baterías costeras.

  • La resistencia conjunta de soldados, milicianos y población civil.

  • El conocimiento del terreno por parte de los defensores.

  • La capacidad de Antonio Gutiérrez para anticiparse a los movimientos enemigos.

  • La excesiva confianza de Nelson en una victoria rápida.

La expedición británica disponía de más barcos, hombres y artillería, pero los defensores aprovecharon mejor sus recursos y supieron convertir las características de Santa Cruz en una ventaja.

Los protagonistas de la Gesta

Antonio Gutiérrez de Otero

Comandante general de Canarias y responsable de organizar la defensa. Su experiencia militar, su serenidad y su capacidad para prever el ataque resultaron decisivas.

Horatio Nelson

Contraalmirante británico y uno de los marinos más importantes de la historia. En Tenerife sufrió una de sus derrotas más dolorosas y perdió el brazo derecho.

Las milicias canarias

Procedían de diferentes lugares de Tenerife y constituían una parte fundamental de la defensa. Aunque muchos de sus integrantes no eran soldados profesionales, demostraron una enorme capacidad de resistencia.

La población de Santa Cruz

Los vecinos ayudaron en el transporte de municiones, la atención a los heridos, la vigilancia y los combates. La victoria no perteneció únicamente al Ejército: fue también una victoria colectiva.

El legado de la batalla

La victoria del 25 de julio consolidó a Santa Cruz como una plaza capaz de defenderse frente a una de las armadas más poderosas del mundo.

En reconocimiento a su resistencia, la Corona concedió a Santa Cruz el título de Muy Leal, Noble e Invicta Villa, Puerto y Plaza de Santa Cruz de Santiago de Tenerife. La tercera cabeza de león de su escudo recuerda la victoria sobre Nelson, después de otros dos intentos británicos ocurridos en siglos anteriores.

Cada año, Tenerife conmemora aquellos acontecimientos mediante la Recreación de la Gesta del 25 de Julio.

En el Centro de Interpretación del Castillo de San Cristóbal puede contemplarse el famoso Cañón Tigre, mientras que el Centro de Historia y Cultura Militar de Canarias conserva banderas y otros testimonios relacionados con la batalla.

Mucho más que una derrota de Nelson

La batalla de Santa Cruz de Tenerife suele recordarse como el episodio en el que Nelson perdió un brazo. Sin embargo, su importancia histórica va mucho más allá de la herida sufrida por el marino británico.

Fue una victoria conseguida mediante la planificación, el conocimiento del territorio y la cooperación entre militares, milicianos y población civil. También fue un ejemplo de humanidad después del combate, cuando vencedores y vencidos dejaron las armas para atender a los heridos y negociar una retirada honorable.

Por eso, la Gesta del 25 de Julio continúa ocupando un lugar esencial en la memoria de Tenerife.

Aquella madrugada, Santa Cruz no solo rechazó a una poderosa escuadra británica. También demostró que la unión de todo un pueblo podía cambiar el desenlace de la historia.


Cronología esencial

  • 14 de febrero de 1797: batalla del cabo de San Vicente.

  • 15 de julio: la expedición británica parte hacia Tenerife.

  • 21–22 de julio: primer intento de desembarco.

  • 22–23 de julio: segundo intento en la zona del Bufadero y Valleseco.

  • Noche del 24 al 25 de julio: ataque directo contra Santa Cruz.

  • 25 de julio: Nelson resulta herido y los británicos negocian la capitulación.

  • 26 de julio: la expedición comienza a abandonar Tenerife.

Para saber más

La defensa de Tenerife y el intercambio de cartas entre sus protagonistas pueden consultarse en el Museo del Ejército. La perspectiva británica y los detalles sobre la herida de Nelson aparecen recogidos por el Royal Museums Greenwich. También puede ampliarse el contexto naval en el estudio publicado por la Revista de Historia Naval de la Armada Española.